lunes, 6 de septiembre de 2010

Historieta 1

- ¡Maldición! Esos soldados carnívoros nos tienen rodeados - dijo el mayor de ellos, con un timbre de desesperación en la voz - No tenemos alternativa, debemos tirarnos al foso de los caimanes. Es la única posibilidad de sobrevivir.

- ¡¡No podemos hacer eso!! -exclamó una débil voz, pero muy sabia. Ralph y su diminuta lechuza estaban horrorizados- Si bajamos ahí sólo encontraremos una muerte rápida y dolorosa.

- Es mejor que una muerte lenta y dolorosa -soltó Alicia, que había estado callada hasta entonces.

- ¡Chist! Si seguís hablando así de alto nos encontrarán pronto y moriremos sin remedio... -señaló Lauren. De repente se interrumpió y, como contradiciéndose a sí mismo añadió- Aunque no haya posibilidad alguna de salvarnos.

- Tiene que existir alguna manera, estoy segura. -contestó Robin, envalentonada. Escrutó cada rincón de la densa selva pero no hayó solución alguna. Compartiendo la desperación de todos ellos, no tardó en rendirse- Esto parece un laberinto sin salida.


Los arbustos se revolvieron violentamente. Un rifle asomó, y una voz potente pero graciosa sentenció:
'Salid ahora y os ahorraremos dolor'
Pero no les dió tiempo ni a hablar entre ellos, porque, en ese mismo instante, unos dardos tranquilizantes silbaron atravesando el aire. Todos quedaron apresados.

*****


- ¡¡Bienvenidos a mi maligno hogar!! -el gran mago Alcazán y su más fiel servidor Cicatriz se hayaban en pie observando su pequeño botín. Dentro de una jaula de gruesos barrotes de hierro, estaban Elisabeth y su hermano menor Tim.

- ¿Qué has hecho con mis compañeros, asqueroso mago? - Elisabeth se revolvía entre las cuerdas que fuertemente la apresaban- No tienes derecho a tocarles, ¡nadie que les haya tocado ha permanecido vivo al día siguiente!

Una risotada quebrantó la valentía de la chica. Había algo en su tono de voz que no había oído nunca. Algo verdaderamente espantoso. Algo temerosamente poderoso.

- ¿Con quién crees que estás hablando, muchacha? -gritó Cicatriz, furioso. Chasqueó los dedos y Elizabeth no pudo reprimir un grito de dolor- ¡¡No te atrevas a dirigirte a mi amo, sucia humana!!

Ella dirigió una mirada fulminante a su agresor a modo de respuesta.

- Oh, cómo adoro a las muchachas odebientes, -pronunció Alcazan, al tiempo que se teletransportaba dentro de la jaula y agarraba a Elizabeth por el cuello- sois simplemente deliciosas. -olisqueó el cuello de la mujer y se relamió los labios.

- ¡No la hagas nada, por favor! -rogó el pequeño Tim, con lágrimas en los ojos.

El mago se teletransportó de nuevo y cogió al niño de los tobillos, levantándolo como si fuera sólo la bota lo que levantara.

- Aunque los niños como este me hacen rejuvenecer...

Antes de que Elisabeth pudiera replicar, el mago ya estaba fuera con su hermano, y antes de irse, leyó el pensamiento de la jóven y enunció:

- Correrá la misma suerte que todos tus patéticos compañeros, pero no diferente que la tuya. Prepárate, muchacha, y reza la plegaria mas corta que sepas...

De repente sintió una daga atravesando su piel y un profundo dolor en el estómago. Cicatriz se había encargado de hacer el trabajo sucio y una vez más, ella volvía a morir... pero no desaparecia nunca. En un afán de supervivencia y debido a la desesperación, gritó:

- ¡No puedo morir! ¡¡En los sueños no puedo morir!!

- ¿Crees que esto es un sueño? ¡¡Entonces bienvenida a mi humilde pesadilla, princesa!! -dijo el gran mago oscuro y dejó asomar una tenebrosa sonrisa de sus labios. Alzó sus manos al aire y chilló- ¡¡¡Muere!!!



Cuando me desperté tenía la frente empapada de sudor. Estaba mareada y extremadamente sofocada, asíque sólo pude susurrar para mí misma:

- Qué poco ha faltado esta vez.

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