sábado, 4 de septiembre de 2010

Maldita sea.

No sé cómo decir esto. No sé cuánto de verdad habrá en esta frase, ni cómo he llegado hasta esto, pero creo que necesito decirlo en alto, escribirlo, confesarlo a todo aquel que pueda leerlo: Me odio.

Llevaba mucho tiempo dándole vueltas en mi subconsciente. Sí, cómo cuando sabes algo incómodo y tratas de olvidarlo, de encerrarlo en tu mente para que ni tú mismo puedas escucharlo. Lo único que quieres es que desaparezca, que te deje en paz, y tratas de mentirte a mismo fingiendo que no está ahí, que no sabes nada. Pero la realidad es la peor de las verdades, y mentirse a sí mismo es el favor más flaco que uno puede hacerse.

Todo el verano esperando un momento efímero que se ha llevado el viento. ¿Cómo poder aceptar que la mayor tragedia de mi vida es el más pequeño de mis problemas? Sin embargo lo he hecho, ya que no puedo meter dos mentiras tan grandes dentro de mi ''Vacío de los No-Recuerdos''. Ha sido rápido, sin dolor, sin pensar demasiado. Y demasiado bueno había sido. De hecho, no me hubiera preocupado y hubiera aceptado todo como normal de no ser por el mal presentimiento que había tenido durante todo el día y parte de ayer.

Cometí el error de confiarme, de fingir que todo íba bien, y simplemente traté de pasármelo lo mejor que pude entre risas, botellas de coca-cola, toallas de playa y un pequeño balón azul de goma-espuma. Y es que después de todo el verano atrapada en una jaula, ellos me volvieron a hacer volar...
Es la única escusa que se me ocurre. En verdad ni siquiera me convence a mí misma.

Confieso que cuando les -ocho hijos de puta con cresta, cara de mala leche y pirsins alrededor de toda la cara- supe el por qué de todo. Y sin embargo no creí que pudiera llegar a tanto, a pesar de mis presentimientos, a pesar de todas mis experiencias, a pesar de todo y de todos.

Todo pasó muy rápido, aunque yo ya lo hubiera 'visto', o tuviera esa sensación. Los idiotas cogiendo el balón, alguien reclamando la injusticia, Alienda tratando de tranquilizarnos a todos y (Ella) reclamando nuestros derechos. Casi la parten la cara.
De repente, 6 de nosotros -me incluyo- nos vimos delante de ellos, un tanto acobardados pero aún así seguros, firmes delante de ellos. A Alienda no le importaba perder su pelota, pero sí lo que nos pasara, por supuesto.

En condiciones normales hoy no estaría aquí. No sé, quizá todavía estuviera en el césped, puede que sangrado, o quizás estuviera en el hospital. Quizás estuviera en mi casa, metida en la cama destrozada, o quizás la pelea no hubiera ido mal entre todos y hubiera podido llegar a casa por mis propios medios, por doloroso que hubiera sido.
Pero no fue así.
En condiciones normales hoy no me sentiría así. No sé, quizás fuera una niñata idiota, demasiado cabezota, infantil y orgullosa como para actuar 'correctamente', o quizás simplemente me hubiera dejado llevar por mis sentimientos de rabia y mis ideales de justicia. Quizás físicamente me encontrara hecha mierda, pero en el fondo sentiría que todo habría merecido la pena. Y, por doloroso que hubiera sido, me sentiría orgullosa de ser yo misma.
Pero no es así.


Mientras ellos daban patadas a las bolsas, refrescos, mochilas, mientras gritaban, insultaban y animaban a los chicos a que participasen en la pelea, mientras nos quitaron algunas pertenencias, yo dude. Fuí. Vine. Fuí de nuevo. Cuanto más furiosa me sentía, las cosas se íban poniendo más y más feas.
¿Por qué no, entonces, fuí allí y les planté cara, cómo hubiera hecho en cualquier otra situación?
Por que Alienda me pidió que no lo hiciera.

Nada más la primera patada, eché a correr. Por suerte, encontré a la policía antes de que ellos me encontraran a mí.


...
¿Qué hubiera pasado si les hubiera encontrado molidos a palos?
¿He actuado como la líder que se supone que soy, o realmente no estoy preparada para ocupar el cargo de una simple 'amiga'?
...

Afortunadamente, estaban bien. También recuperamos todas nuestras posesiones. Todos acabaron exítados, asustados y, en parte, contentos. Yo no compartía ninguno de esos sentimientos, más bien eran los contrarios. Ni siquiera estaba nerviosa. Había perdido mi integridad completamente.


Estando ellos bien, ¿qué me importaba que me estuvieran siguiendo? Yo, para mí misma, tan sólo era un trozo de carne.

Y ahora estoy aquí en casa, lamentando haberme convertido en lo que creía que necesitaba ser. Alguien responsable, que pensara con la cabeza fría, sin dejarse llevar por sentimientos estúpidos, si no por la razón y lo que era mejor para todos.


Me he olvidado del trauma de hace años, sí. Y ni siquiera me acuerdo. Ya no me importa.

Me voy a entrenar por mi cuenta.
Quiero poder defenderles si vuelve a darse el caso.

¿Qué opináis?

~se acabaron las palabras dulces y las metáforas, las cosas como son, sin esconder verdades, sin ningún tapujo~

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