jueves, 18 de noviembre de 2010

Impotencia

Es ese sentimiento que seguro todos hemos tenido alguna vez. Ese maldito y desventurado sentimiento que pretende quitarte la piedad y te da ganas de gritar, esa chispa que intenta encender una mecha empapada en agua... esa agonía de no poder hacer ese algo que crees necesario/imprescindible.
Junto con el 'odio' y el 'vacío', es el peor sentimiento que he experimentado. Es asqueroso, corrupto, arrogante. Suele mirarte por encima del hombro y riéndose de tí. Y lo hace delante de tí, ya que no necesita esconderse. Es inexorable. Y es acojonantemente cruel.

Bueno, pues Impotencia es la palabra que me ha acompañado toda la semana. Impotencia por no poder hablar. Por no poder defender mis derechos y los derechos de mis compañeros. No solo por no haber sido escuchada, si no también por haber sido tachada, junto con todos ellos, de inepta y estúpida, de inmadura e infantil. Y por el silencio de aquellos que estan en mi misma situación y prefieren callarse y aceptar una injusticia contra ellos mismos a luchar dignamente por algo que jamás deberían de habernos quitado: 'el derecho a la expresión'.
Ya no es que estemos suspensos (algunos con mejor nota que otros), aunque las causas me parezcan amorales... ¡es el que todos se nos hayan echado encima cuando es nuestro futuro el que está en juego! Que cada uno se mira el ombligo descaradamente... y que sólo una persona de setenta haya tratado de escucharme.

Gracias. Mientras haya una sola persona que luche conmigo, entonces la impotencia merecerá la pena.
¡Resistencia Arrogante!
Vivo para que en mi realidad desaparezcan esos tres sentimientos.
Asíque de nuevo, gracias. Gracias a ambas partes: por supuesto a los que son íntegros y defienden en alguna medida sus ideales, pues por ellos merece la pena pasar por lo que tengamos que pasar; pero sobretodo a los otros... porque sin ellos, sin nadie que nos puteara, definitivamente jamás podriamos ser mejores personas. El simple hecho de cerrarles el hocico y sellarles la lengua es algo por lo que lucho cada dia, cada minuto y cada instante.
Gracias en definitiva, por darme una razón para vivir.

viernes, 5 de noviembre de 2010

5 de Noviembre

''Recuerden, recuerden, el cinco de Noviembre.
Conspiración, pólvora y traición.
No veo la demora y siempre es la hora
de evocarla sin dilación...''


Guy Fawkes fue un artificiero y militar católico que intentó volar el Parlamento inglés el 5 de Noviembre de 1605.

El 26 de octubre de 1605 Lord Monteagle recibió una carta anónima advirtiéndole que se mantuviera alejado del parlamento.
Monteagle le mostró la carta al rey Jacobo, quien ordenó que se condujera la búsqueda en las bodegas debajo del parlamento, a tempranas horas del 5 de noviembre, Fawkes fue descubierto saliendo de la bodega que habían alquilado y fue arrestado. Dentro de la bodega se encontraron barriles de pólvora debajo de leña y carbón. Fawkes dijo que su nombre era John Jonson, y fue torturado por unos días para tratar de extraerle información sobre sus compañeros en la conspiración. Luego de unos días Fawkes reveló algunos nombres de los conspiradores, pero sólo de aquellos que estaban muertos o los que ya las autoridades conocían. El 31 de enero fue llevado a juicio, donde fue hallado culpable. Fue llevado al Old Palace Yard en Westminster donde sería ejecutado. Fawkes fue el último en llegar a la horca de la cual saltó rompiéndose el cuello, evitando así la agonía de la última parte de su ejecución. Su cuerpo sin vida fue descuartizado y, como era costumbre, las partes de su cuerpo fueron repartidas por las cuatro esquinas del reino como advertencia para otros aspirantes a traidores.

Desde entonces, los londinenses celebran cada 5 de noviembre el fracaso del atentado encendiendo hogueras por la ciudad: la noche de Guy Fawkes.




No hay nada que me emocione más que este apasionante día, el recodar lo que pasó hace más de 400 años y aquellos valores que, en definitiva siempre he soñado con defender.
Por que los hombre mueren, pero los ideales no sólo perduran a través del tiempo, si no que tienen el poder de cambiar el mundo.


En 2005 salió la versión cinematográfica de V de Vendetta, en la que el protagonista se basa en Guy Fawkes para llevar a cabo su venganza. Es una película (y sobretodo, es un cómic) que no podéis perderos. Es imperdonable.
He rescatado un par de frases de la película, frases que hace ya unos años me hicieron cambiar la visión que tenía del mundo.
- 'Justicia, libertad e igualdad no son sólo palabras: son metas alcanzables'
- 'Es un un principio básico del universo que una acción provocará una acción igual y opuesta'
- 'La violencia puede usarse para el bien.' -'¿De qué estás hablando?' -'De justicia.'

Pero sólo es una pequeña parte. Una minúscula parte de la punta del inmenso iceberg.
No puedo resistirme a copiar el discurso de V, ya que, además de casi sabérmelo de memoria, es algo mítico que no puedo dejar de poner esta noche, 5 de Noviembre.

''Buenas noches

Permítanme, primero, que me disculpe por la interrupción. Yo, como muchos de vosotros, aprecio la comodidad de la rutina diaria, la seguridad de lo familiar, la tranquilidad de la monotonía. A mí me gusta tanto como a vosotros. Pero, con el espíritu de rememorar los importantes acontecimientos del pasado, normalmente asociados con la muerte de alguien o el fin de alguna terrible y sangrienta guerra, y que se celebran como Fiesta Nacional, he pensado que podríamos celebrar este cinco de Noviembre que, lamentablemente, ya casi nadie recuerda, tomándonos cinco minutos de nuestra ajetreada vida para sentarnos y charlar un rato.
Hay, claro está, personas que no quieren que hablemos. Sospecho que, en este mismo momento, estarán dando órdenes por teléfono, y que hombres armados ya vienen de camino. ¿Y por qué? Porque mientras pueda usarse la fuerza, para qué el diálogo. Sin embargo, las palabras siempre conservarán su poder. Las palabras hacen posible que algo tome un significado, y si se escuchan, enuncian la verdad.
Y la verdad es que hay algo en este país que va muy mal, ¿no? Crueldad e injusticias, intolerancia y opresión. Antes teníais libertad para objetar, para pensar y decir lo que pensabais. Ahora tenéis sensores y sistemas de vigilancia que os coartan para que os conforméis y os convirtáis en sumisos.
¿Cómo ha podido ocurrir? ¿Quién el culpable? Bueno, ciertamente unos son más responsables que otros, y tendrán que rendir cuentas, pero, la verdad sea dicha, si estáis buscando un culpable, sólo tenéis que miraros al espejo. Sé porqué lo hicisteis, sé que teníais miedo. ¿Y quién no? Guerras, terror, enfermedades, había una plaga de problemas que conspiraron para corromper cuestros sentidos y sorberos el sentido común. El temor pudo con vosotros y presas del pánico acudisteis a las autoridades del Copyroght. Os prometieron dinero, os prometieron riqueza, y todo cuando os pidieron fue vuestra silenciosa y obediente sumisión. Estos días he intentado poner fin a ese silencio. En las últimas cuatro semanas, destruí sus páginas web para recordar al mundo lo que ha olvidado. Hace mas de 400 años, un gran ciudadano deseó que el 5 de Noviembre quedara grabado en nuestra memoria. Su esperanza era hacer recodar al mundo que justicia, igualdad y libertad son algo más que palabras, son metas alcanzables.
Así que si no abrís los ojos; si seguís ajenos a los crímenes de este gobierno, entonces os sugiero que permitais que el 5 de Noviembre pase sin pena ni gloria. Pero si veis lo que yo veo, si sentís lo que yo siento y si perseguís lo que yo persigo, entonces, os pido que os unáis a mí, ante las puertas del parlamento, y juntos, les haremos vivir un 5 de Noviembre que jamás, jamás nadie olvidará.

lunes, 1 de noviembre de 2010

exp (I)

Una vez más, era de noche. El viento arremetía violentamente contra los matorrales y hacía silbar las ramas de los árboles, creando un siniestra melodía. La barba del enano se mecía al son de esta música, mientras que el aire helado que penetraba por cada rincón de su armadura portaba consigo un fúnebre olor a sangre.

Cada vez era más difícil escuchar el sonido de las armas entrechocando y de las flechas cortando el aire y la carne. Él sabía que la batalla estaba a punto de tocar a su fin, cuando escuchó de pronto los cascos de un caballo. Fugazmente se camufló entre los arbustos y disfrutó de unos últimos instantes de paz, sosteniendo la respiración todo lo bien que sabía. Ni siquiera la húmeda niebla pudo camuflarle. El jinete, duramente entrenado, supo diferenciar su olor entre todos los demás. Se bajó del caballo, desenvainó su espada y la colocó entre su hombro y su cuello sin apenas mirar a través de las hojas.

- A partir de aquí mide tus palabras, joven bárbaro, pues de eso depende tu vida. ¡Identifícate! ¿Quién te ha enviado?

- Soy un noble herrero que atravesaba la comarca para llegar a Levithe antes del amanecer, pero no sabía que se estaba librando semejante guerra en los límites de la cuidad.

- ¡Mientes! Puedo oír tu mazo temblar junto contigo y tu miedo allá abajo. -colocó la espada a ras del cuello como amenaza- Te doy una última oportunidad: Quién eres, qué haces aquí y si vienes por órdenes de esos sucios Black. -dijo, casi escupiendo esa última palabra, bañada en odio y rencor.

El enano enloqueció de júbilo al saber entonces que había encontrado aliados, pero inmediatamente recordó que tenía el filo de una espada contra su piel. Revisó primeramente sus palabras antes de decir:

- Soy un forjador de armas sin hogar ni familia. Los Black me lo han quitado todo en la villa donde antes vivía... han arrasado con todo. -dijo arrastrando un profundo dolor- Allá arriba, en la montaña, hay más de los mios y por eso me dirigía a Levithe.

- Deberías saber que un simple mazo contra ellos, de noche, y tú sólo no vale de nada -esperó sujetando todavía la espada.

- ... Me pareció que sería una ofensa para cualquiera, en esas mismas condiciones, no llevar siquiera un arma.

El caballero, extrañado, alzó una ceja, retiró su arma y la guardó. El enano salió torpemente de aquella mata verde. En su destrozada armadura brillaba un rojo escarlata de su misma sangre, que hacía unas pocas horas de derramaba a través de ella.

- Disculpe... estoy herido. -dijo aquel ser, que no medía más de un metro.

- Aquí todos estamos heridos... -enunció el jinete, y sus ojos se tornaron por un momento sombríos y distantes- Venga, sube a mi caballo. Conozco una manera rápida de llegar al castillo.



Unos segundos después, los cascos del animal volvían a no poder distinguirse entre aquel susurro metálico y oscuro de guerra.