jueves, 18 de noviembre de 2010

Impotencia

Es ese sentimiento que seguro todos hemos tenido alguna vez. Ese maldito y desventurado sentimiento que pretende quitarte la piedad y te da ganas de gritar, esa chispa que intenta encender una mecha empapada en agua... esa agonía de no poder hacer ese algo que crees necesario/imprescindible.
Junto con el 'odio' y el 'vacío', es el peor sentimiento que he experimentado. Es asqueroso, corrupto, arrogante. Suele mirarte por encima del hombro y riéndose de tí. Y lo hace delante de tí, ya que no necesita esconderse. Es inexorable. Y es acojonantemente cruel.

Bueno, pues Impotencia es la palabra que me ha acompañado toda la semana. Impotencia por no poder hablar. Por no poder defender mis derechos y los derechos de mis compañeros. No solo por no haber sido escuchada, si no también por haber sido tachada, junto con todos ellos, de inepta y estúpida, de inmadura e infantil. Y por el silencio de aquellos que estan en mi misma situación y prefieren callarse y aceptar una injusticia contra ellos mismos a luchar dignamente por algo que jamás deberían de habernos quitado: 'el derecho a la expresión'.
Ya no es que estemos suspensos (algunos con mejor nota que otros), aunque las causas me parezcan amorales... ¡es el que todos se nos hayan echado encima cuando es nuestro futuro el que está en juego! Que cada uno se mira el ombligo descaradamente... y que sólo una persona de setenta haya tratado de escucharme.

Gracias. Mientras haya una sola persona que luche conmigo, entonces la impotencia merecerá la pena.
¡Resistencia Arrogante!
Vivo para que en mi realidad desaparezcan esos tres sentimientos.
Asíque de nuevo, gracias. Gracias a ambas partes: por supuesto a los que son íntegros y defienden en alguna medida sus ideales, pues por ellos merece la pena pasar por lo que tengamos que pasar; pero sobretodo a los otros... porque sin ellos, sin nadie que nos puteara, definitivamente jamás podriamos ser mejores personas. El simple hecho de cerrarles el hocico y sellarles la lengua es algo por lo que lucho cada dia, cada minuto y cada instante.
Gracias en definitiva, por darme una razón para vivir.

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