jueves, 31 de marzo de 2011

Tralará

No os lo conté, pero en la nieve no fue todo tan bonito como lo pinté.
¡Fue asquerosamente más brutal!
Mis caídas hubiesen ganado concursos, en especial la última. 5 vueltas sobre mí misma antes de que un esquí saliera volando. ¿Todavía te duele? Un poco, sigo sin poder girarlo. ¿Lo volverías a hacer? Sin dudarlo un segundo ((((...Ok, quizá ahora mismo no, pero en una semana sí, ¡sin dudarlo un segundo!))))

Hoy he prometido que escribiría un gran libro.
Las circunstancias (causas y consecuencias) no vienen a cuento, o quizá sí, pero el caso es que sé que si lo escribo no quedará tan auténtico como lo que recuerdo, y además, quizá mi humor variara. Y no me apetece.
Puede parecer infantil.
Bobalicón.
Incluso demasiado idílico.
Pero, por alguna razón sé que algo a cambiado en mí. Ya no soy la misma persona que se levantó esta misma mañana de mi cama. Podría tratarse de una sensación pero... no, claro, no es una sensación. No sabría explicar porqué lo sé, ni exactamente en qué he cambiado (es algo que iré escribiendo y descubriendo por mí misma y poco a poco).

Escribiré un libro. Un buen libro. Un libro que te guste, y por lo tanto, que me guste.
Y tocaré. ¡No voy a dejar de tocar! Ni de sentir la música cuando la escuche. Tararearé las canciones que me gusten y silbaré cuando algún trabajo afanoso me esté ocupando las manos.
Y simplemente, disfrutaré de todo lo que pueda disfrutar. La felicidad en la vida a veces es difícil de encontrar, pero hay que buscarla, y una vez encontrada... merece la pena vivir por esa sensación.

No voy a elegir un camino. Voy a emprender mi propio camino.
Y voy a escribir un libro, un buen libro. Sólo para cerrarte la maldita bocaza de muerta que tienes.


La venganza. Un dulce plato que se sirve en frío.... igual que los helados. Y que algunos profiteroles.

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