sábado, 17 de diciembre de 2011

Me gustas

Pero no te lo voy a decir. No te lo voy a decir porque sería estúpido y  demente.

Me gustas tú y no otra. Me gustas tú, por algún motivo que no conozco todavía. ¿Será tu sonrisa, permanente, fresca, joven y dulce? ¿Serán tus ojos marrones, perennemente iluminados, tan abiertos y profundos? ¿Serán tus movimientos, tus frases, tu ingenio, tu sencillez, tu alegría? ¿Tu rebeldía o tu inteligencia?  No lo sé. Igual es por todo eso. Igual es porque no te conozco en absoluto, pero nada me haría más feliz que desentrañar los misterios que esconde tu mente.

¿Qué significa que me gustes? No, no significa que te vaya a acosar siguiéndote a todas partes cada vez que te vea, ni siquiera significa que te necesite cada minuto en mi pensamiento, ni que te adore, ni que te admire profundamente. No. Significa que hay algo que sobresale en ti que me llama muchísimo la atención y que me gusta. Significa me encantaría saber más de eso y de ti, y al mismo tiempo, mostrarte lo que me hace a mí especial. Significa que escucharé lo que quieras que escuche, y no más. Que estaré a tu lado siempre tan sólo cuando quieras que lo esté. Que te conoceré hasta donde tú quieras que te conozca y no más. Y que te querré hasta donde tú me dejes quererte… y no más.

Supongo que es desesperante, a veces, el hecho de que seas una mujer, o de que yo también lo sea. Da igual lo muy  ‘socialmente aceptad0’ que esté, en realidad tengo miedo. Miedo de que me rechaces o de que me taches de ser  demasiado diferente. Miedo de que, al enterarte, desees huir de mi. Miedo de que las cosas pudiesen ser diferentes porque tú supieses que dentro de mí habita ese sentimiento, que no es malo en sí mismo, y sólo se oculta porque puede hacer que las cosas sean diferentes, en muchos sentidos. Tengo miedo de que, cuando te enteres, dejes de que hablarme como ahora me hablas, de que deje de gustarte bromear conmigo, de que deje de poder escuchar tus ingeniosidades, de que dejes de mirarme con esos ojos tan abiertos siempre que hago algo fuera de lo común, o que escribo, o que te cuento cómo me gustaría que fuese el mundo. Tengo miedo de que quieras alejarte de mí por el hecho de que yo quiera acercarme. Sí, yo, una chica. Una chica con quien te lo pasas genial, que te hace reír, que te acompaña cuando se lo pides, que te sigue las bromas, que se ríe contigo cuando cantas y cuando ríes. Una chica que está dispuesta a conocerte, a soñar y a jugar contigo, a entrar en tu mundo y a que tú conozcas el suyo, siempre que quieras. Sí, soy una chica. Una chica a la que le encantaría saber cómo hacerte la vida más feliz o más fácil o más memorable. Una chica que quiere ayudar a que tus deseos se hagan realidad.  Una chica que quiere quererte, con todo lo que eso suponga.

¿Vas a dejarme de lado sólo porque sea ‘una chica’?

Como no estoy segura de la respuesta, no te lo voy a decir. Al menos con palabras. Podrás descubrirlo en mi mirada, seguro. En mi cara, en mi sonrisa. En mis manos. Debajo de cada palabra. Soy como un libro abierto. Un libro con una historia que contar, una historia que te aseguro que te sorprenderá. Una historia inacabada y de la que tengo mucho que escribir todavía. Una historia que, si quieres, puedes ayudarme a escribir.

Me gustas, pero no te lo voy a decir. Sería estúpido y demente. Sería poner en riesgo todo lo que me gustaría ganar. Supondría, casi seguro, empezar a escuchar cada vez menos tu voz, tus risas, tus abrazos, y a ti. Y entonces no podría acompañarte en el camino tan frecuentemente como ahora quisieras. No podría ayudarte a hacer todo lo que quieras hacer en esta vida. No podrías descubrir mi mundo, ni yo el tuyo. De cualquier modo, ¿para qué intentar decir algo que no puedo explicarte con palabras?

Me gustas. Ya lo creo que me gustas. Y por ello estaré contigo, te ayudaré, te protegeré, te haré reír y te escribiré. Y es posible que algún día leas esto, así que te diré una última cosa: siempre seré sincera contigo. Siempre. Pero discúlpame, porque no pienso decirte que me gustas.

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