lunes, 12 de marzo de 2012

Desahogo.

Hubo un tiempo en el que entrar aquí era lo más parecido a la catarsis. Hace no mucho (uno o dos años, no lo sé, el tiempo pasa muy deprisa, no me lo echéis en cara por favor) entraba aquí con una sonrisa, dispuesta a crear nuevos mundos y compartirlos con vosotros. Dispuesta a rememorar los antiguos mitos y desenvolver de mi mente las leyendas más dispares. Dispuesta a perderme en un mundo de letras, de sentimientos, de aventuras, de misterio, de seres mágicos y sus hazañas...
Siempre he necesitado un método de evasión. Debo de ser muy floja. Y esto, en su momento, fue magnífico. (re)Conocí por un tiempo breve a una buena amiga. Descrubrí un sinfín de buenos textos. Y me topé con Naylah: mi, sin lugar a dudas y a pesar de las distancias y el odioso poco contacto, mejor amiga. También me topé con otras personas que recuerdo con cariño, con mucho cariño.
Pero de la sensación que más me acuerdo es de la Ilusión. Me acuerdo de la ilusión al llegar del instituto para ver si había novedades, si me habíais comentado o contestado, o si habíais escrito algo con que alimentar mi precaria mente. Mi mente, hambrienta de experiencias, de emoción. Me acuerdo perfectamente de cuánto me curré las primeras entradas, donde, como aprendí en el retrato de Dorian Gray, plasmaba una parte importante de mí. ... Si tuviese que elegir un blog de los mil que he tocado, elegiría este sin dudarlo. Está impregnado de mi mejor y mi peor yo, de lo que soy y de lo que fui, pero sobre todo de lo que pensé. Y en ese momento, necesitaba desahogarme.

Quizá ese fuese un motivo clave por el que fui espaciando cada vez más mis entradas hasta llegar a las de la fecha: -1. Supongo que si hubiera vuelto a NECESITAR, de verdad, desahogarme, hubiese vuelto. Y de hecho, así lo he hecho. Cuando lo he necesitado he escrito.

Hoy escribo de nuevo, avergonzada por haberlo descuidado tanto (al blog que más cariño tengo); inquieta, dolorida, nerviosa, intranquila...

Noto que puede haber pasado el tiempo. Puede que ahora me defienda en el instituto, que allí me aprecien y tal. Puede que haya conocido a gente que admiro y que me aprecia; gente que ha cambiado mi forma de pensar, mis planes de futuro, mis aspiraciones, y mi presente actual. Puede que lo que yo siento por esa gente, otras personas (dos o tres, tampoco os vayáis a pensar ja, ja, ja, ja) lo sienten por mí. Y eso me motiva para seguir siendo como soy: especial. Para seguir cuidando cada detalle, para seguir llevando mis estupideces hasta el final. Puede que haya leído libros, conocido grupos, y caído bajo el encanto de otras historias que me han hecho ser quien soy ahora: Una Shira que camina con Jorge. Pero en realidad mis temores, mis miedos, mis problemas no han cambiado tanto.

Es simple: odio que mis padres discutan. Es algo que aborrezco. Es algo que me rompe en mil pedazos. Es algo que creo que nunca va a dejar de dolerme. Pienso con tristeza lo duro que resultará abandonar esta tierra odiada, pero que alberga la única gente que conozco, y la única gente a la que quiero. Siento que mi marcha será prematura porque deseo con todas mis fuerzas alejarme de las discusiones. Me siento desgraciada al pensar que para hallar paz debo poner tierra entre mis ilusiones, mis aspiraciones, mi Pskndca propio; y todo aquello que me ha llevado a tener estas ilusiones, estas aspiraciones... y empezar a ser quien yo quiero ser: Pskndca. Siento tener que alejarme de las personas que quiero y admiro para poder encontrar paz, para poder trabajar en lo que quiero, para poder... vivir como yo siempre he querido. Y a la hora de ponerlo en una balanza, SIEMPRE ganaría lo segundo. Siempre. Pero... no con la situación de casa. No con la situación de este país. Quiero paz. Quiero volver y poder llenaros a todos los que una vez me llenasteis. ¡Os lo debo!

No sé cuando me iré, ni exactamente tampoco a dónde. Sólo tengo el sórdido presentimiento de que será mucho antes de lo que me gustaría. Porque, en el fondo, prefiero quedarme con vosotros.

Hoy necesitaba desahogarme. Gracias a todos.

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