miércoles, 25 de enero de 2017

La pluma

Cuando sacó de la mochila aquel cuaderno sintió un escalofrío. Lo cogió con las dos manos, como si tuviera miedo de que fuera a abrirse, y lo posó delicadamente sobre la mesa. Pasó sus dedos por encima de las tapas, suavemente, dibujando unas líneas por encima del polvo. Vació el aire de sus pulmones antes de abrirlo. Pasó las hojas quebradizas con cuidado, buscando la última página escrita, pero con mucho esmero de no leer nada de lo que estaba contenido en cada página. Cuando al fin encontró la siguiente página vacía, volvió a coger aire.

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